Decisiones de vida

Mientras escribo esto estoy bastante lejos del suelo y más concretamente en las nubes… como quizás dirían muchos que es mi vida…¿ironías? No lo creo, este tiempo de poco más de un año me ha servido para conocerme, algo para lo que nunca antes había tenido tiempo…

 

Esta vez muchos me juzgaréis más de lo normal. Quizás os parezca tonta y absurda.

Ahora hasta yo misma estoy sintiendo eso cada vez que veo la revista que tengo entre las manos mientras pasa la segunda hora desde el despegue y veo todo a lo que estoy renunciando…

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Sí, eso he hecho… he renunciado a lo que tenía porque la función de todo aquello ya había calado en mí; eso creo ahora…

Para nadie es un secreto que esta misma Andrea que os escribe decidió salir de su zona de confort para luchar por una meta.
Sí, ciertamente la situación país había acelerado las cosas y ha jugado un factor importante todo este tiempo, pero una de las razones para esta decisión también radica en aquella primera acción o pensamiento original: mi meta.

España era un paso en el camino, nunca mi destino final en esta etapa. Salí para cursar un máster porque en Venezuela no había ningún programa académico similar que me aportara los conocimientos que necesito para desarrollarme profesionalmente en Edición; así que era partir de ese momento en el que tenía 25 años hace unos meses: sin hijos, sin ataduras financieras a deudas, casas o coches; o entrar en el sistema en el que solo trabajas para pagar todo y pierdes la libertad de movilidad; aún hoy esa ha sido una facilidad y un punto de apoyo para moverme nuevamente.

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Resumiendo, porque a veces me extiendo demasiado, me vine para dar un paso en el camino de mi progreso profesional y aunque suene egoísta, dejé todo y a todos.
Mi vida se resumía en lo que podía meter en dos maletas y aún con limitaciones decidí llevar exceso de equipaje, metiendo muchos «por si acaso» entre tacones que quizás usé solo una vez, vestidos que nunca desfilaron por ninguna oficina y camisetas que nunca vieron una cena elegante…

Sí. Me encontré un mundo muy diferente al que había imaginado.

Lloré, lloré mucho y creo que por eso ya las lágrimas no caen como tormentas sino como tímidas lluvias de otoño madrileño, de esas que sientes que no te mojan y con gotas que casi no miras por ser diminutas, pero que empapan…

Comí, comí chocolates y donuts para llenar el vacío, pero el vacío no se llenaba y yo más me congelaba y menos entraba en mis pantalones…vino el invierno y vinieron las primeras pruebas…

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Hice mis primeras prácticas como becaria e hice mi mejor labor, sin embargo me encontré con una persona sumamente extraña de la que aprendí una lección: límites. Es necesario darle valor a nuestro trabajo y nuestros conocimientos y poner sanos límites de respeto a nuestra labor y nuestro tiempo.

Con mi cumpleaños vino la primavera, teóricamente hablando, pero seguía haciendo frío y mis días seguían gélidos desde adentro. Un cumpleaños 26 bastante gris…

Con el cumpleaños llegaron otras lecciones: no dependía de nadie…mis decisiones solo eran mías, mis gastos, mis responsabilidades, mis cuentas…todo era mi total y absoluta responsabilidad y ahí fue que me di cuenta que había construido un palacio sobre una montaña de arenas movedizas…

Cadivi (la comisión venezolana que aprueba las divisas oficiales para salir del país) me ha había aprobado la primera parte con la que pude pagar el máster y tener una primera manutención. Pero pasaban los meses y no volvieron a aparecer, y todo lo que yo comía, el techo bajo el cual dormía y el abono del metro con el que me movía tenían que seguir funcionando y sencillamente mi familia no tenía como ayudarme. Estaba sola…

Pasaron semanas en las que no pegué un ojo una noche completa. Me despertaba en las madrugadas dando vueltas y vueltas…
En los días ya ni siquiera iba al gimnasio, pasaba todo el día pegada a la pantalla del portátil enviando CV y aplicando a cualquier oferta de empleo en cualquier portal laboral…

Pasaban los días y ya no sabía que hacer. Pero como dicen, la noche es siempre más oscura justo antes del amanecer…
Y lo logré… tuve la oportunidad de conseguir algo con lo que producir dinero y no depender de Venezuela y de la subida de los precios del dólar en el mercado negro.

Sin embargo debía afrontar algo: estaba gastando demasiado viviendo sola, así que me tocó compartir un piso…

Sí, ya sé que están pensando que debí hacerlo desde el primer momento, pero no conocía a nadie y no se me da fácil convivir con desconocidos…

Aún así lo intenté…tuve la oportunidad de mudarme. No era mucho lo que me ahorraba, pero al menos estaba siendo responsable y dando un paso adelante…

Era ya entonces verano…gente había llegado y se había ido y el calor era infernal en Madrid en un julio con 43 grados al mediodía…

Salieron entonces otras nuevas prácticas y parecía que la vida me daba una segunda oportunidad para ser mas ahorrativa y madura con mis finanzas y además expandir mis amistades y mi experiencia profesional.

El Arenal team me había abierto sus puertas. Mis compañeros siempre con una sonrisa me orientaban cada día y me hacían sentir que las cosas se iban a terminar de dar prontamente.

Julio y septiembre fueron así: editorial, almuerzo, trabajo, gym y casa. De 7 a.m a 11 p.m. Podía, sí. Pero estaba en destruída físicamente. Nada más mirar las fotos podías notarlo…

Se vino el otoño y se acabaron las prácticas. Lo que parecía una opción laboral se quedó solo en eso, una opción por el sistema de becarios que limita la inclusión de nuevos profesionales a los puestos de trabajo por mano de obra barata.

Además en casa nada parecía encontrar un sitio. Mis compañeros eran personas buenas, pero no teníamos las mismas ideas sobre convivencia.

Después de ahogarme en un mar de helado de vainilla y galletas de oreo lo decidí. Tenía que pagar un poco más y mudarme.

Pensé en volver a casa al presentar el proyecto del máster en octubre pero solo escuchaba cosas negativas de mi Venezuela y no veía el camino.

Quedarme y renunciar a mis metas por «calidad de vida» o volver a un país destrozado… no estaba nada sencillo para mí aunque todo el mundo lo viese muy claro.

Finalmente decidí poner un poco más de mí. Las prácticas me dejaban mas tiempo libre y podía hacer más horas extras. Podía mudarme sola. Pero había aprendido: ya no temía a la soledad de llegar a una casa vacía, añoraba la libertad de poder hacerlo.

Busqué y busqué y los precios no me ayudaban y cuando nuevamente casi me doy por vencida recibo la llamada milagrosa.
En pocos días todo encajó. Sufrí con mucho exceso de equipaje otra mudanza pero estaba sola y me sentía libre.

Ya no sentía aquella casa gigante de los primeros días o aquella agonía del silencio.  Me sentía bien.

Había ido retomando a la par mis actividades en el gym en el verano. Aunque saliese muy cansada intentaba siempre entrenar y decidí buscar ayuda.

Screenshot_2015-11-09-21-06-50-1En tan solo 10 semanas las cosas dieron tantos cambios dentro de mí que me sorprende…

Tenía mi pequeño piso al lado del Palacio Real. Estaba a siete minutos caminando del trabajo. Me iba muy bien en el gym y tenía tiempo libre para descansar y recargarme.

 

 

Mis compañeros se habían vuelto mis hermanos. Había gente nueva. Gente amable y buenas vibras. Había un sueldo y los gastos estaban cubiertos…pero faltaba algo… podía estar 6 meses más. Pero, ¿realmente lo quería?

No. La respuesta era que no.
Amaba Madrid, de hecho la amo y la extrañaré cada día. Aprendí a conocer sus calles y sus pasadizos, me sentía parte de ella. Pero mi sueño tenía que seguir…
Quizás mi país esté destruido…ahora, a menos de dos horas ya para aterrizar después de no poder dormir en este vuelo, dos paquetes de Oreo y una película de por medio, no sé que encontraré porque todo lo que me pueden haber dicho se puede haber quedado corto.

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Yo solo pido que no me juzguen… que cada camino tiene su aprendizaje y que cada sueño tiene sus altibajos… planes y objetivos están claros en mi agenda pero lo más importante es que he entendido que hogar no es solo la casa en la que crecimos o las personas con las que hemos vivido siempre.

El hogar no tiene un lugar o una forma…simplemente cuando nace lo sientes y eso pasó  a partir de octubre después de todo este año cuando vi mi libertad como una bendición y no como la soledad que me agobiaba…
Tenía un hogar y una nueva familia que dejé justo antes de subir a este avión…

Cada una de esas personitas iluminó con sus buenas palabras, sus chistes y su apoyo cada uno de esos 6 meses en Arenal y ahora vuelo acongojada, sabiendo que dejé mucho, con miedo, pero también con alegría de ver a los míos después de más de un año…

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Quizás lo habrán dicho muchos antes que yo, pero hogar y familia también se escogen, se siembran y se cultivan y la libertad implica muchas cosas que se trabajan desde adentro…

No creo que volver sea un error, sencillamente toda decisión nos da lecciones y si esta es la mía pues aprenderé y disfrutaré el trayecto. No me arrepiento de este año y doy gracias a Dios por él…

Vuelvo con exceso de equipaje lleno del cariño de todas esas personitas que conocí.

No puedo sino dar gracias  a los que siempre estuvieron en la distancia y a los que estuvieron ahí cada día…

Sois mis hermanos, sois mi nueva familia y así os extrañaré cada día…

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