Caracas, de nuevo Caracas

Tengo días dándole vueltas a millones de temas. A veces pienso que la diversidad de tópicos que quiero manejar en este Blog son un poco incompatibles, pero luego recuerdo una premisa,  y es que una persona no solo se interesa por un tema. Somos un todo formado por muchos pedacitos de las cosas que vamos almacenando en nuestra biblioteca mental (como comenté en un artículo anterior)… Ideas tras ideas que se van acumulando junto a recuerdos de momentos y las emociones que ellos crearon en nosotros…

Ayer justamente un amigo me preguntó si no pensaba escribir algo sobre la Caracas en la que ahora me encuentro y mis impresiones al volver… y aunque ya lo había pensado, fue el empujoncito que necesitaba…

Aún no tengo un mes en mi ciudad natal, pero creo que tengo unas cuantas cosas que decir…

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Siempre me dijeron que cuando uno emigra y regresa a su país se siente distinto. Obviamente después de todas las vivencias no soy la misma persona, pero Caracas tampoco es la misma ciudad. Nace en mí una sensación extraña: allá era extranjera por mucho que tuviese doble nacionalidad, pero aquí también sigo sintiéndome un poco fuera de lugar. Sin embargo, no todo es malo respecto a esa sensación porque me permite distanciarme para poder evaluar la ciudad.

¿Qué he visto?

En primer lugar, me llamó la atención la cara de las personas desde que llegué al aeropuerto. No sé bien si podré transmitirlo con palabras, pero me encontraba con miradas decaídas y sonrisas inexistentes. Ojos cansados y perdidos, pensamientos bien abstraídos en preocupaciones… Creo que la mayoría de las personas está derrotada anímicamente… Cierto es que hay muchos que no presentan estos rasgos o detalles, pero en el fondo sí, aunque parezcan felices y sigan en sus burbujas personales, en el fondo siento que no veo el mismo ánimo tan venezolano que nos caracterizaba.

Sabía que las cosas estaban mal, pero no sé, es muy raro palparlo… Por un lado tengo esa necesidad de inspirar y ayudar, poner mi granito de arena…pero por otro, es como si ya las cosas estuviesen perdidas cuando escuchas historias sacadas de un cuento de terror… Los valores están completamente trastocados y se nota en cada paso…

¿Recuerdan los cuentos de tío tigre y tío conejo? Pues como venezolanos todos queremos ser como tío conejo y eso crea un pequeño caos en la jungla de cemento. Es literal, sobrevive el más  fuerte y no hablo de la paranoia a la inseguridad, sino de cualquier cosa que vayas a hacer desde que sales de la puerta de tu casa hasta que regresas.

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Mi premisa principal para estos meses aquí es no quejarme, primero porque fue lo que yo elegí y sabía a lo que me enfrentaba y segundo, porque quiero ver oportunidades en los obstáculos y enfocarme en lo bueno.

Obviamente entiendo esa mirada nueva del venezolano actual, después de salir a la calle no puede ser menos, pero digamos que es justo la oportunidad para que la gente se dé cuenta de qué cosas no quiere y desarrolle habilidades positivas para resolver inconvenientes: creatividad y conocimientos introspectivos más desarrollados para lidiar con el exterior.

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Creo que una de las cosas en las que se enfoca la educación actual es en desarrollar habilidades y no solo conocimientos, así que cuando las cosas mejoren en Venezuela, todos los que aquí sobrevivieron y todos los que afuera también lo hicieron habrán obtenido conocimientos y habilidades tan completas que ayudarán nuevamente a ganarnos ese apelativo de Tierra de Gracia que le dio Colón a este país cuando lo vio por primera vez.

Esperanzas quedan y eso es lo más importante. Hay muchos niños y jóvenes que aún pueden ir por el buen camino, hay que enfocarse en eso. La educación es el primer pilar, y no me refiero solo a las escuelas. La educación viene de casa y los padres deben enseñarles a sus hijos el valor del trabajo y de la constancia. Lo material pasa…créanme…ahora después de mudarme un montón de veces en el 2014 y 2015 finalmente lo he entendido…no te llevas más pares de zapatos, camisetas o abrigos…te llevas amigos, te llevas gente y experiencias…

En cuanto a lo positivo, ¡nada más ver El Ávila para que uno se calme! De verdad, es indescriptible como su aura te hace sentir pequeñito y protegido; por otro lado también, la familia, que siempre está ahí para cualquier cosa, sobre todo con su escándalo los domingos en casa de la abuela en donde no sabes quién habla más alto que quién; y el clima, porque este solecito calienta el alma, aunque a veces rostiza un poquito…je,je,je…así que agradezco no estar a cero grados ahora mismo y poder llevar pantalones cortes o vestidos sin medias panty…

Pudiese extenderme mucho más, pudiese enumerar miles de cosas positivas o negativas, pero ¿realmente importa? Si me lees solo te pido algo, donde quiera que estés, seas venezolano o extranjero, intenta hacer lo que tienes que hacer de la mejor manera, no olvides tus sueños o metas y no te pongas excusas… Trabajo y constancia, con educación desde la casa es lo que pide a gritos mi país…

¡Kairós

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